Grazie, Enza.

 

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Madrid 8 maggio 2014

Care Mamen e Susana, caro Uri, e caro tutto il gruppo,

da meno di una settimana sono tornata a Madrid, e una parte di me è ancora in viaggio dall’oasi di M’hamid, e chissà quando arriverà!

L’esperienza con voi è stata intensa e profonda, di colori, di aromi, di sguardi, di vissuti, di difficoltà ( …non posso dire di silenzi…, il gruppo non è stato zitto un secondo, neanche di fronte al tramonto sulle dune! Forse perchè il Deserto è così potente con il suo “vuoto”, la sua luce, le sue tempeste di sabbia, i suoi pericoli, ed esige un contatto con la propria anima, difficile da raggiungere con un persistente chiacchiericcio “cittadino europeo” , più che funzionale per evitare l’incontro con sè stessi.?).

Mi è piaciuto molto come il gruppo, tutti noi, ci siamo messi all’opera, con entusiasmo, per lavorare in un contesto sicuramente impegnativo,dove si sono superate, in quei momenti, le barriere delle differenze linguistiche e culturali e dove, giorno dopo giorno si è creata tra i lavoratori locali ed il gruppo una complicità veramente dinamica, vitale e solidale, cosa che mi ha confermato che è possibile la convivenza se alla base c’è la motivazione per un vero rispetto delle differenze ed una sana volontà volta all’intercambio delle diverse tradizioni, culture, esperienze.

Questa vostra, nostra, voglia di conoscenza, di utopia, ed apertura all’idea e alla realtà della diversità come condizione normale, positiva, creativa e gioiosa della vita è stata per me un immenso regalo, un grande respiro, che mi aiuta a crescere e a scegliere quello di cui ho veramente bisogno! E in cui credo.

Quindi, ancora grazie per aver messo le mani in pasta , nella sabbia, nella paglia, nella cacca d’asino, con tutti voi

INSHALLA

Enza

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Festival Internacional de Arte y Construcción. ifac 2013.

 


Terrachidia & Bioconstruyendo: Taller de construcción con tierra. ifac 2013.



 

Fase 1: Reconocimiento de tierras

La casa tradicional de Covarrubias está construída con adobe, lo cual nos hace presuponer que el terreno de los alrededores tiene una proporción de arcilla y áridos adecuada para construir con la tierra extraída directamente del suelo del lugar.

Tras un ensayo de sedimentación y una prueba con bolitas que hicimos con las diferentes tierras, seleccionamos la tierra con la que construir. 

Además dimos con una fábrica de hormigones que retira la arcilla como material residual, de la cual pudimos conseguir, sin ningún gasto, arcilla pura. (gracias Hormigones Gutierrez)

Fase 2: Elaboración de adobes y construcción de la Sobrecimentación.

La sobrecimentación se realizó con mortero de cal y piedras que recogimos del suelo de la era. Su función era proteger el banco del agua de la lluvia, ya que la plataforma en la que está situado el banco evita que el agua suba por capilaridad.

Los adobes fueron realizados con una mezcla de arcilla y arena o de tierra roja y arena, mezclado con paja.

Fase 3: Construcción de un banco con Adobes y Cob

Colocamos los adobes que habíamos realizado y secado al sol, unidos con mortero de barro.

La parte del respaldo y el relleno de los palets se llevó a cabo con cob.

Una parte del respaldo fue realizada con botellas de vidrio recuperadas y unidas con cob.

Fase 4: Revocos de Cal, Barro y Trencadis.

Se llevaron a cabo tres tipos de acabado, en función de la zona del banco a revocar.

  1. Trecadis con mosaico recuperado y unido con mortero de cal.
  2. Revoco de cal y marmolina, coloreado en ocasiones con pigmento natural.
  3. Revoco de arcilla y marmolina con aceite de linaza. En él se realizaron impresiones vegetales.

 La parte superior de los palets quedó preparada para colocar un plástico y tierra vegetal, para plantar en el interior del palet una hiedra que trepe por la estructura, inshallá.

GRACIAS

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No sabíais a dónde ibais, mucha era la incertidumbre que os acompañaba
disteis tiempo, trabajo, amistad y alegría sin pedir nada a cambio
sin ni tan siquiera esperarlo.

Día tras días los corazones ajenos se abrieron de par en par ante vuestra compañía,
encendisteis una luz de esperanza para lo que inevitablemente será barrido por el tiempo;
habéis sido fuente de ánimo y ayuda para la autoestima de sus últimos moradores,
quienes orgullosos de sus ancestros mantienen sus costumbres.

Vuestras manos han modelado lo más profundo del alma del oasis,
ya que si M´hamid al Ghizlane es la cabeza del oasis, Bounou es el corazón
y en asuntos del corazón no cabe el olvido.

Es mucha la sabiduría que habéis aprehendido
y habéis vislumbrado muy de cerca el camino de la felicidad.

Todavía resuenan vuestras risas, vuestras canciones en los oscuros callejones,
el lecho aún caliente y vuestras huellas en la arena.

Ahora que las emociones chisporrotean a flor de piel,
algunas hacéis planes de volver, abrigáis la ilusión de un pronto retorno.

Pero arrastradas por el tiempo seréis engullidas por vuestras realidades, de tal forma
que la emociones vividas se posarán delicadamente en el fondo de vuestras almas
bajo toneladas de rutina, pero indelebles, seguirán débilmente brillando.
y pasará el tiempo, con sus días, sus meses, sus años…

Y una noche serena y estrellada , una brisa fugitiva y fría os hará estremecer, y
al mirar el firmamento veréis una centelleante estrella que sentiréis os pertenece,
y una llama arderá en vosotras,
recordando el sabor del caliente té excesivamente azucarado
el latido de los corazones al son de los tambores
el canto del almuédano en la madrugada
la nitidez de paisaje, la quietud del oasis
recordaréis la satisfacción del trabajo con la tierra
las confusas conversaciones entre risas
la amistad, el compañerismo
los rostros amigos…

Volad al Sur, donde siempre seréis bienvenidas.

GRACIAS en mi nombre y en el nombre de todos los hijos de Bounou
y en el de todos los que a lo largo de los siglos han levantado una y mil veces sus casas
pero sobretodo, gracias en el nombre de las madres, las abuelas, y las hijas
a las que habéis hecho inmensamente felices.

plAcido

Recuerdos de Bounou…

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Pretendía escribir sobre nuestra experiencia en Bounou, romántico lugar fronterizo entre la vida civilizada y los rigores del desierto, inteligentemente moldeado con la propia materia sobre la que se asienta. Sin embargo, releyendo estas notas veo que la nostalgia me mueve a hacerlo más bien desde y sobre ella. Creo que de esto resulta que, en definitiva, el poso que estos días han dejado en mí se ha impuesto sobre su propia realidad. Allá voy, en cualquier caso.

Recuerdo ahora el haber conocido allí una modesta, sencilla y feliz, aunque esforzada, forma de vivir. Olvidado o indultado reducto de la estabilidad y la continuidad que la tradición otorga o impone. Raro tesoro y, para buena parte de nosotros, tal vez único. No se nos escapa allí que sus dominios se diluyen y sus días se agotan. Tampoco que las oportunidades de disfrutar de una alteridad semejante, injertándonos temporalmente en otra cultura como lo hemos hecho, no sólo escasean, sino que tienden tristemente a desaparecer.

Tal vez por ello apuramos al máximo tan fugaz privilegio. Nos sumergimos en él tratando de aprehender hasta el último detalle, de absorber y paladear cada pequeño matiz y diferencia, de embebernos en ese mundo que, paradójicamente, se nos presenta tan ajeno como propio.

Nuestra avidez se acentúa quizás al entender este lugar como vinculado además a nuestros propios orígenes, a nuestro propio pasado, pues más allá de las diferencias culturales que las tradiciones locales definen, parece claro que cualesquiera dos sociedades tradicionales han de tener más en común entre sí que con la sociedad en la que nosotros nos hemos criado.

La tradición, esa riqueza incalculable que engrandece los lugares que la atesoran y hace languidecer aquellos cuyos habitantes, más por ignorancia y descuido que por necesidad, han creído poder prescindir de ella.

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Así, el magnetismo inicial del lugar, de su paisaje y de su arquitectura, queda rápidamente eclipsado por el de sus gentes. En ellas hallamos depositada una ancestral sabiduría no sólo sobre cómo habitarlo, sino también sobre cómo encarar nuestra presente vida y nuestra futura muerte en un sentido mucho más amplio.

Pronto, muy pronto, sin embargo, lo atrás dejado vuelve a llamar a nuestra puerta. Casi inconscientes llegamos a pensar en no atender esta llamada. Todo ha sido demasiado breve. Aún queda mucho para llegar a atisbar las secretas penas y alegrías de ese otro camino que se ha abierto ante nosotros.

Así, el regreso no resulta tan sencillo como pudiera pensarse a priori. Llega acompañado de un choque cultural inverso cuya repercusión sorprende. Y lo hace aún más al compararla con la amable levedad de la aceptación del cambio precedente. Cabe pues preguntarse por qué nos resistimos más a volver a nuestro ambiente que a abandonarlo por otro. Es cierto que lo hacemos sabiendo que sólo lo dejamos temporalmente, conscientes de nuestro futuro regreso. Lo sé. Y también que, aunque tan temprano retorno se muestre inoportuno, una vez sopesado, descartamos finalmente oponer resistencia.

Parece que nuestras raíces permanecen aún firmemente ligadas a tierras muy diversas de las de aquellos oasis. Pero no es menos cierto que el desconcierto y la extrañeza se adueñan de nosotros al tener que encarar de nuevo nuestros viejos hábitos y rutinas. Abstractas labores. Complejas relaciones. Cuestionar su validez resulta inevitable. Pero la fuerza de la costumbre es grande y poco a poco se abre paso, disipando las principales sombras de duda, doblegando las más tercas añoranzas.

Nacidos y crecidos en tal ambiente, parece ingenuo negar el valor de nuestra propia herencia. Una detenida reflexión equilibra la balanza. Sea cual sea nuestro camino, ninguno es ni mejor ni peor que el del otro, únicamente distinto. Tal vez sea ésta una de las grandes lecciones que es difícil no traer bien aprendida de un viaje como éste.

Mas el saldo positivo no se reduce a ello, sino que el influjo de estos días trasciende sus límites y, al regresar, lo hacemos investidos de un nuevo punto de vista. Lo común, lo cotidiano se muestra ahora más nítido. Pequeños detalles antes irrelevantes se nos presentan ahora como lujosos caprichos. Podremos determinar no prescindir de ellos, pero ya no podremos perder la consciencia de su carácter secundario o incluso superfluo. Lo mismo ocurre con viejos problemas y preocupaciones, que se relativizan ahora sin apenas esfuerzo.

Tales ventajas irán probablemente desvaneciéndose a medida que la ciudad nos imponga de nuevo su ritmo. De hecho, en pocos días, pues no llevo aquí más de una semana, su deterioro es ya perceptible. Pero mantengo aún viva la esperanza de quedar para siempre investido de al menos algo de todo ello. Tan viva como la de poder regresar pronto.

Quedan, eso sí, bien arraigadas en el corazón las mieles de esa otra existencia posible, tal vez idealizada, tal vez incomprendida, pero sin que palidezca por ello su fascinante atractivo. Una existencia trufada de inolvidables momentos, cuajada de tan pequeñas como auténticas alegrías, y sobre todo viva, muy viva.

Con semejante marco, las numerosas memorias de admiraciones, respetos y afectos allí surgidos y allí afianzados vuelven a nosotros infundidas de una grandeza y de una pureza tales que en la distancia por fuerza no parecen sino inverosímiles delirios. Se tornan extrañas, ajenas, difíciles de comprender. Pero ahí están y vuelven a ser del todo plausibles si las rememoramos en su contexto. Quedan así irremisiblemente unidas a su lugar de origen, contribuyendo a apuntalar el mito en el que éste queda ya para siempre convertido en nuestros recuerdos. Y hoy aprovecho la ocasión para agradecer profundamente a todos los que allí me acompañaron su contribución a él.

Espero ahora que los lazos entre nosotros y con aquel ahora mítico lugar sean fuertes y duraderos, así como que todos y cada uno contribuyamos en la medida de nuestras posibilidades a difundir, promover y defender tanto a través de nuestra labor profesional como a través de nuestra vida personal lo aprendido en él.

Bismillah

IMG_3597Termina el taller.

Escribo estas líneas todavía en Marruecos, bien acompañado por un último té y rodeado de una locura llamada Marrakech. No importa. Recordar estos días me aporta una serenidad que ni la propia Jemaa el-Fnaa es capaz de perturbar.

Reconozco que, inmerso en esa calma, me obligo a mí mismo a sentarme frente al ordenador para cerrar una versión digital del taller que ha sido menos intensa. No importa. Confío en que la experiencia os llegará de un modo u otro, y vivido lo vivido y cómo lo hemos vivido, prefiero la calidez de la palabra a la frialdad de la tecla.

En cualquier caso, una vez más, las incertidumbres se han convertido en certezas, y aunque hayamos perdido parte de la inocencia que inundaba el primer taller, la sensación de conocer, de saber, de llegar donde nunca pensé que llegaríamos, me hace sentir con enorme naturalidad la convicción de que volveremos.

“Estoy contento de que estéis aquí, porque si hay una segunda vez, habrá una tercera”, me dijo un buen amigo hace una vida.

Hamdulillah.

Entre dos mundos

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El pequeño salto que supone cruzar el Estrecho de Gibraltar es, sin duda, un salto entre dos mundos.

Después de haberlo efectuado varias veces, tengo la sensación de que parte de uno mismo se queda flotando en medio de ambos.

El sur de Marruecos encarna alguna de las historias que conocemos por boca de nuestros abuelos, y refleja las imágenes mentales que nos hacemos de nuestro propio pasado.

Cuando “regresamos al futuro”, a nuestras calefactadas casas, apreciamos los avances que hemos alcanzado, pero nos hacemos conscientes de cosas que se han perdido en el camino del progreso.

Hombres, que sin más formación que la escuela primaria, conocen cómo manejar los elementos de la naturaleza, cómo construir, cómo fabricar y hacerse con todo aquello que necesitan para sobrevivir, con muy escasos medios.

Niños de ojos vivos que parecen leer tu mente y que conservan la picardía, dentro de un profundo respeto hacia los miembros de su familia.

Bebés que apenas han aprendido a andar, que deambulan tranquilos de una casa a otra, y que se ríen a carcajada limpia saltando una y otra vez sobre un montón de arena.

A veces es dura la comparación al buscar estos principios fundamentales en nuestra “sociedad del conocimiento”, que nos ofrece un universo de posibilidades, pero que también nos desorienta y nos llena la cabeza de información superficial, robándonos muchas horas del día vividas a través de una pantalla.

Sin embargo, yo no querría olvidar felicidades tan sencillas y preciosas como la observación tranquila de la naturaleza, la capacidad de dedicar tiempo a una charla sin prisas ni interrupciones y el disfrutar del silencio…y por eso no puedo evitar a veces, quedarme en medio.

Ir es volver…

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“Ir es volver”, alguien me dijo alguna vez, compartiendo experiencias en el Camino de Santiago. Y es cierto, vivir el Camino es tener la necesidad de volver. Y volví, no podía ser de otra manera.

Tras el primer taller en M’hamid, si alguien me preguntara “¿por qué?”, me refería a la misma sensación, “porque ir es volver”, en una respuesta ambigua pero precisa, que concentra infinitas razones en pocas palabras. Sobre todo devoción, palabra de uso más bien complejo en la propia experiencia del Camino.

Y sí, claro, devoción. Devoción por el lugar, por su cultura y por sus gentes. Devoción por el altruismo incondicional, el respeto mutuo y la sinceridad del té. Por la conversación calmada, el humor fresco y la sonrisa perenne. Devoción. Devoción por la arena infinita, el cielo repleto y el verde dorado. Por la humildad necesaria, la sabiduría de lo natural y la esencia del todo.

Devoción, por el camino abandonado que quizás, y solo quizás, debamos recuperar.

Escribo esto no sin riesgo de caer en el misticismo forzado de guía de turismo, pero como las que llegan aquí son más bien pocas, voy a permitirme ese lujo. En cualquier caso, la culpa es del tamarisco centenario que ahora mismo me regala su sombra, y con todo, os aseguro que me quedo corto al describir las sensaciones de estas primeras horas de reencuentro. Incluso la misma espera del resto del grupo, con la que recuerdo las incertidumbres del verano, alimenta la intensidad del momento. Porque es ahora cuando empiezo a ver con claridad, en un primer balance necesario, en qué se han convertido esas incertidumbres.

Volver, una vez más, a sentir ese nudo en la garganta. Volver, en definitiva, a imaginar dónde nos llevará esta vez el Oasis de M’hamid…

Inshallah.